Desperté y ya no estabas



"Desperté y ya no estabas. Desperté con dolor de cabeza y mucha angustia, fruto de pasar una larga y mala noche. Quise alcanzarte con mi brazo, rodearte y abrazarte muy fuerte, sentir tu cuerpo contra el mío, pero sólo me encontré con aquel aire que esquivaba los movimientos de mis brazos. No había nadie.

Un relámpago resonó con mucha fuerza extendiéndose por toda la calle y, atravesando las paredes de la habitación, hizo retumbar los muebles de tal manera que parecía que se iban a caer contra el duro suelo y romperse en mil pedazos. Un sonido muy débil empezó a golpear la ventana, cada vez lo hacia con más insistencia, cada vez con mayor rapidez. El relámpago fue sustituido por la lluvia. El temblor provocado por el poderoso trueno desapareció como si nunca hubiese existido, fue reemplazado por la paz interior que la lluvia puede ofrecer a aquellos que sepan escucharla. Los dioses estaba llorando en aquella mañana.

No te despediste de mi, ni siquiera me diste un beso en la frente para decirme adiós, supongo que en esto consistía mi castigo. Te levantaste sin hacer apenas ruido, usaste tus movimientos de felina para no alterar el silencio de la habitación y desapareciste. Te marchaste, castigándome por haber actuado mal contigo y no pedirte perdón. Te destrocé el corazón y yo no hice ademán de solucionarlo. Ahora me arrepiento, pero ya es demasiado tarde.

La lluvia comenzó a caer con mucha fuerza. Un viento fuerte empezó a combinarse con las gotas de la lluvia. Ahora aquel sonido débil que golpeaba la ventana, se convirtió en un ruido fuerte y constante. Un ruido que trataba de romper el cristal y que pretendía desatar toda su furia dentro de la habitación.

Extendí la mano al lugar donde descansaba tu pequeña cabeza de cabellos tan lisos que incluso el viento admiraba. Quise creer que todo era un sueño, que cuando acabara volvería a verla y a estar con ella. Podría expresarle lo que sentía, pero pronto supe que aquello no era un sueño. Ya no estabas a mi lado.

La lluvia dejó de sonar. Las gotas de agua dejaron de golpear la ventana. La paz volvía a aparecer. Y en aquel momento, un rayo de luz, un rayo de esperanza, atravesó el cristal y depositó su cálida luz en el cojín donde solía descansar la cabeza de una joven y en el que, en ese momento, había una mano que se movía inquieta.

Aquel rayo de luz que tocaba mi mano hizo que mis ojos lloraran. Sentía como mi ser se estremecía porque te fuiste sin que pudiese arreglar nada, sabía que no te volvería a ver y que jamás podría pedirte perdón.

Me desperté aquel día, con un gran dolor de cabeza y una gran angustia fruto de pasar una mala y larga noche, con la esperanza de volver a verte, pero sabía que te había perdido... para siempre".

Comentarios

  1. me encanta, y la música está muy acertada.

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  2. ME encanto el final!!!

    De tanta publicidad subliminal, POR FIn LO HE LEÍDO!!

    Vas millorant, narcisset! ;)

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