Prólogo: Un mar de dudas

Era una fría y lluviosa noche de principios de mayo. Un fuerte viento recorría la calle. Éste movía violentamente los árboles haciendo que sus fuertes ramas crujieran e hicieran amago de caer al duro y mojado suelo.
Llovía con una fuerza inconmensurable, como si los dioses hubieran decidido descargar toda su furia sobre Valencia. Entre la lluvia y el poder del viento la naturaleza manifestaba su grandiosidad.

Las grandes gotas de lluvia golpeaban la ventana de la habitación de un joven, produciendo un sonido fuerte pero al mismo tiempo reconfortante. Al mismo tiempo, las gotas que estaba pegadas en el vidrio se iban deslizando poco a poco, como si quisieran buscar una brecha por la que entrar y penetrar en la oscura habitación.
Las ventanas temblaban debido al viento. Intentaba por todos sus medios entrar en la habitación para poder mostrar toda su furia y su poder.

La manifestación de estos elementos de la naturaleza le tranquilizaban y le ayudaban a dormir mejor por las noches. Sin embargo aquella noche no podía dormir, le estaba costando más de lo normal. Algo le perturbaba, pero no sabía qué era.
Estaba acostado en su cama con las manos detrás de la cabeza mirando fijamente el blanco techo, pensando en los días pasados y en todo lo que había ocurrido.
Quizá lo que le perturbaba era el fin de las vacaciones de Pascua y la vuelta a la Universidad. "No" se dijo a si mismo "Eso ya lo tengo más que asumido".
Regresar a clase tras unas semanas de descanso... le gustaba la idea. Volver a ver a sus compañeros de carrera le agradaba, volver a tener esas charlas acompañadas de risas que alegraban a cualquiera.

Cerró los ojos tratando de conciliar el sueño, pero apenas logró nada. Se removió en la cama buscando una postura que le ayudara, pero aquella sensación que tenía no le dejaba dormir, algo le atormentaba por dentro.
Tenía una vez más aquella fatídica sensación de vacío que se le había aparecido muchas veces, y aquella vez ese vacío era más fuerte, junto al dolor, la tristeza, el no poder hacer cosas que quisiera hacer, el tener que vivir esa vida monótona.

"Viaja, sal a conocer el mundo" le habían dicho varias veces sus amigos, aquellas personas que más apreciaba y se preocupaban por él. La idea de viajar le satisfacía, quizá eso le ayudara a sentirse mejor, pero él sabía que eso no era su preocupación.
Puede que el amor fuera su preocupación? O quizá...
El atronador golpe de un relámpago en la calle, semejante a un martillo que golpea sobre el duro metal, le quitó de su ensimismamiento.
De pronto empezó a notar una helada brisa que entraba por la ventana... "¿Qué hace la ventana abierta? se preguntó "Creí haberla cerrado antes de acostarme... en fin, habrá sido un descuido"
El joven se levantó separándose de la comodidad para tocar el duro y frío suelo y acercarse a la ventana. En seguida notó que la lluvia había parado y en la calle había un silencio sepulcral. Observó a través de la ventana que el cielo estaba completamente despejado, como si aquella tormenta no hubiese estado nunca en ese lugar.
"Las 2:30" susurró mientras miraba el reloj "Dentro de una horas vuelvo a clase... que ganas..."
Con un ligero movimiento cerró la ventana intentando producir el menor ruido posible para no despertar a los vecinos ni a sus padres.
Cabizbajo, se dirigió a la cama y se sentó. Pensativo y ausente empezó a susurrar "¿Qué me pasa? Por qué estoy triste y desanimado? Por más que lo pienso..." Resopló y se dejó caer en la cama, haciendo que la cabeza reposara suavemente en el cojín.
Antes de cerrar los ojos, echó una mirada a las ventanas para comprobar que estaban cerradas y luego a las estrellas que se podían ver. Suspiró y se durmió, no sin antes pensar en aquel deseo que sabía o creía que era la solución a su tristeza: El deseo de vivir en otro mundo diferente a la Tierra, donde existiera la magia y todos los elementos fantásticos.

No muy lejos de allí, en un tejado cercano, se encontraba un extraño personaje que observaba con detenimiento la ventana del joven. Iba vestido con un traje de cuero oscuro y una gran capa negra que le hacía invisible en aquella fría noche, llevaba también una capucha que le tapaba parte de su cabeza y un pañuelo que le tapaba la parte inferior de la cara dejando a la vista unos ojos azules oscuros rodeado de espirales negras.

-¿Le has podido ver, Rahnok?- preguntó otra figura que apareció por su espalda e iba vestido igual, pero este tenía unos ojos rojos color sangre con puntitos morados.

-Recuerda que no debemos pronunciar nuestro nombres- le reprochó Rahnok.

-Pero si ni siquiera he...- no terminó la frase, pues Rahnok había levantado la mano, cubierta con un guante negro, para que se callara- Está bien... Mis disculpas. Entonces, ¿le has visto?

La figura de ojos azules asintió de manera elegante y sutil, o eso creía su compañero. El movimiento que hizo su capa y capucha a causa de la brisa le dio la impresión de que estaba asintiendo.

-¿Es el qué buscábamos? A mí no me pareció gran cosa, la verdad. Los otros que hemos observado me gustaron más, pero este...-echó un vistazo a la ventana- no sé qué le ves.

- Hay algo en él diferente a los demás... Necesito más tiempo para observarlo y ver qué es- dijo Rahnok sin moverse del sitio.

- Más todavía...?! Sabes que no tenemos más tiempo! Todos corremos un grave peligro y además dijiste que aquí encontraríamos...

-Ya sé lo que dije!- le cortó Rahnok, en su voz había un deje de ira. Por primera vez se giró hacia su compañero. Sus ojos azules mostraban ira- Sé perfectamente cómo está la situación, del tiempo que disponemos y qué debemos hacer. Y si tienes alguna pega, puedes volver por donde viniste y ayudar a esos estúpidos enclenques del Consejo a no hacer nada. Si te traje aquí, es porque confío en ti y te considero un amigo- su voz fue relajándose poco a poco- Yo también estoy preocupado por los tiempos que se avecinan... todo ha cambiado...

Al acabar la frase hubo un largo silencio. Rahnok había cerrado los ojos y su compañero le miró con compasión sabiendo la carga que estaba sufriendo. Tras unos minutos, la figura de los ojos rojos rompió el silencio:
-Creo que deberíamos marcharnos. Podremos observarle mejor mañana.

Rahnok abrió los ojos, toda la ira que antes tenía había desaparecido por completo. Con la mirada ausente empezó a andar.
-Se avecinan tiempos oscuros- dijo en un susurro que se perdió en la noche- Y el tiempo se está agotando.

De pronto, el rugido de un relámpago hizo que el cielo se pusiera de un color blanco, iluminando los rincones oscuros de la calle. Duró unos instantes, cuando todo oscureció de nuevo, las dos figuras habían desaparecido sin dejar rastro.

En la habitación yacía en la cama un joven que dormía profundamente. Y la lluvia volvió a caer golpeando junto al viento la ventana.

Comentarios

  1. és maravillos, Guillem. Tens la sort de tindre una gran imaginació acompanyada de la teua manera tan especial de somniar i veure la vida des d'una perspectiva molt diferent als demés. Ets magnífic !

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  2. PARA CUANDO TU 1º LIBRO???? JEJEJE ME GUSTA MUCHO ESTA GENIAL ERES Y SERAS UN GRAN FILOSOFO

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  3. Es precioso!!!!!Cada dia me enganchan mas tus historias y no puedo dejar de leerlas, incluso algunas las leo un par de veces!!!!!
    Me parece Magnifico lo que haces y como expresas tus sentimientos mediante la escritura!!!! :)

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  4. Gracies per llegir i m' alegre que vos agrade ^^

    Continuaré fent coses perquè pugau disfrutar ;)

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  5. MI primer libro? No se, quizá algún día de estos xD
    Me alegro que te guste ^^
    Y de nuevo gracias a los dos anónimos xD

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